1º de Mayo (II): Los Mártires de Chicago y el origen del Primero de Mayo
Segunda parte de la lucha histórica por la jornada laboral de ocho horas
“Eight hours for work, eight hours for rest, eight hours for what we will.”
— Resolución del IV Congreso de la American Federation of Labor (A.F.L.), 1884
Introducción
La lucha por la jornada laboral de ocho horas alcanzó su momento decisivo en Estados Unidos en 1886. En Chicago, la huelga del Primero de Mayo y los sucesos de Haymarket desataron una represión sin precedentes contra el movimiento obrero en Estados Unidos. El juicio y la ejecución de los conocidos como Mártires de Chicago marcaron un antes y un después en la historia de la clase trabajadora y dieron origen al Primero de Mayo como jornada internacional de lucha.
Este artículo recorre la campaña por las ocho horas, la violencia patronal, el proceso judicial y el legado político de uno de los episodios más simbólicos del movimiento obrero moderno, mostrando cómo Chicago 1886 se convirtió en un símbolo duradero de resistencia y memoria obrera.
La campaña por la jornada laboral de ocho horas en Estados Unidos

El sindicalismo reformista agrupado en la American Federation of Labor (A.F.L.) impulsó inicialmente la lucha por la reducción de la jornada laboral en los Estados Unidos. En su IV Congreso, celebrado en 1884, la organización acordó convocar una huelga general para el 1º de mayo de 1886, con el objetivo explícito de imponer la jornada de ocho horas.
En aquel momento, millones de trabajadores soportaban jornadas de entre diez y catorce horas diarias, en condiciones extremadamente duras y con salarios miserables. La consigna
“ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de ocio”
comenzó a extenderse como lema central del movimiento obrero.
Chicago y el protagonismo del movimiento anarquista
A finales del siglo XIX, Chicago era uno de los principales centros industriales de Estados Unidos. La ciudad albergaba una numerosa clase obrera organizada, compuesta en gran parte por trabajadores migrantes. En ese entorno, el anarquismo alcanzó una fuerte implantación, con figuras destacadas como Albert Parsons, August Spies y Lucy Parsons.
Aunque inicialmente los sectores anarquistas miraron con recelo una campaña promovida por el sindicalismo moderado, pronto comprendieron su enorme potencial. Para ellos, la lucha por la jornada de ocho horas no se limitaba a una mejora laboral: representaba un escenario de lucha de clases capaz de abrir el camino hacia transformaciones sociales más profundas.
Huelgas masivas y primeras conquistas obreras
Durante el mes de abril de 1886, las huelgas comenzaron a extenderse por todo el país. La patronal respondió con rapidez y violencia, apoyándose en las fuerzas policiales y en grupos parapoliciales, como los de la Agencia Pinkerton, con el objetivo de intimidar y reprimir a los trabajadores organizados.
El 1º de mayo de 1886 marcó el punto álgido del conflicto. Ciudades como Nueva York, Baltimore, Pittsburgh, Boston o Saint Louis, vieron a cientos de miles de trabajadores sumarse a la huelga. En Chicago, numerosos gremios lograron importantes victorias: carpinteros, tipógrafos, mecánicos y embaladores conquistaron la jornada laboral de ocho horas, mientras otros sectores obtuvieron reducciones horarias acompañadas de mejoras salariales.
En las semanas previas y posteriores al 1 de mayo, cientos de miles de trabajadores estadounidenses lograron reducir su jornada sin pérdida de salario, un hecho sin precedentes en la historia laboral del país.
La masacre de la fábrica McCormick
Pese a estos avances, el conflicto estaba lejos de resolverse. El 3 de mayo de 1886, un amplio piquete de obreros y obreras en huelga, en la ciudad de Chicago, se dirigió a la fábrica McCormick Reapers Works, que continuaba produciendo gracias al trabajo de esquiroles, conocidos en Estados Unidos como scabs.
Las fuerzas del orden respondieron con extrema violencia. La policía y agentes de la Agencia Pinkerton abrieron fuego contra los manifestantes, causando varios muertos y numerosos heridos. La masacre de McCormick provocó una ola de indignación en el movimiento obrero de Chicago.
El mitin de Haymarket y la explosión
Como respuesta a la masacre, organizaciones obreras y anarquistas convocaron un mitin de protesta el 4 de mayo de 1886 en la Plaza Haymarket. El acto transcurrió de forma pacífica y reunió a miles de personas, muchas de ellas acompañadas de sus familias.
Bajo una ligera lluvia, tomaron la palabra August Spies, Albert Parsons y Samuel Fielden. Cuando el mitin estaba a punto de finalizar, la policía intervino para disolver la concentración. En ese momento, alguien lanzó una bomba contra las fuerzas policiales, provocando una explosión que causó muertos y heridos.
Represión, juicio y condena de los Mártires de Chicago
La explosión sirvió como excusa para desatar una represión generalizada contra el movimiento obrero de Chicago, con especial ensañamiento hacia los sectores anarquistas. Las autoridades detuvieron a decenas de militantes y procesaron a ocho de ellos en un juicio claramente político y carente de garantías.
Los acusados fueron:
Albert Parsons, August Spies, Adolf Fischer, George Engel, Louis Lingg, Samuel Fielden, Michael Schwab y Oscar Neebe.
A pesar de la ausencia de pruebas concluyentes, cinco fueron condenados a muerte y tres a largas penas de prisión. Louis Lingg se suicidó en su celda horas antes de la ejecución. Los demás fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887.
Un ataque al anarquismo y a la clase trabajadora
El proceso contra los Mártires de Chicago no pretendía esclarecer los hechos de Haymarket. Su verdadero objetivo consistía en desarticular el movimiento anarquista y sembrar el miedo entre la clase trabajadora. La prensa y las élites políticas alimentaron una campaña de odio marcada por la xenofobia, señalando a los trabajadores migrantes como responsables de la violencia.
El caso demostró que incluso en las democracias liberales más avanzadas del momento, los derechos obreros podían desaparecer cuando entraban en conflicto con los intereses del capital.
El legado de Chicago y el nacimiento del Primero de Mayo
La ejecución de los Mártires de Chicago conmocionó al movimiento obrero internacional. En su memoria, y como homenaje a la lucha por la jornada laboral de ocho horas, el Primero de Mayo fue adoptado a partir de 1890 como jornada internacional de lucha de la clase trabajadora.
“¡Oh, Miseria, he bebido de la copa del dolor hasta sus sedimentos, pero aún sigo siendo una rebelde!”
— Lucy Eldine Parsons




