La reivindicación de la jornada de ocho horas: su llegada a Cataluña 

La expansión internacional de la jornada de ocho horas y su impacto social 

Tras su formulación teórica y su consolidación como demanda central del movimiento obrero, la reivindicación de la jornada de ocho horas se extendió rápidamente a lo largo del siglo XIX. Desde Reino Unido, pasando por Francia hasta los Estados Unidos, los movimientos obreros adoptaron esta medida como una necesidad urgente para repartir el trabajo existente y mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora. La implantación de la jornada de ocho horas tenía un doble objetivo. Por un lado, permitiría reducir el número de obreros desempleados mediante una mejor distribución del trabajo. Por otro, otorgaría a los trabajadores un tiempo libre fundamental para el desarrollo personal, la formación y la conciencia de clase, elementos considerados esenciales para su emancipación.

La Jornada de 8 horas en Cataluña 

La reivindicación de la jornada de ocho horas fue introducida en Cataluña en 1868 por Giuseppe Fanelli, quien llegó como representante de la Primera Internacional. Esta organización había incorporado dicha demanda a su programa durante el Congreso de Ginebra de 1866.  

En febrero de 1872, tras la proclamación de la Primera República Española, se produjo el primer movimiento huelguístico en la península con un claro objetivo: obtener de los patronos un convenio para establecer la jornada de ocho horas de trabajo. La jornada la consiguieron entre abril y mayo los picapedreros de Barcelona (tras tan solo un día de lucha), los albañiles de Barcelona y sus alrededores, los cilindradores y aprestadores de Barcelona y los pintores de Barcelona. Así, la demanda quedó circunscrita a una localidad y a trabajadores de sectores concretos; no fue el resultado de un movimiento generalizado.

Sería a finales de mayo cuando se produjo el primer intento de llevar las “Tres Ocho” más allá del ámbito territorial local. La Unión Manufacturera anunciaba que la proclamación del “principio de OCHO HORAS DE TRABAJO” se llevaría a cabo durante el Quinto Congreso de la Unión como una de las reformas necesarias para la mejora de las condiciones de trabajo. Fue proclamada por unanimidad, acordándose que el medio para alcanzarla sería la huelga general, siempre que esta fuera aceptada por las diferentes secciones. 

Congreso Obrero de Barcelona de 1870 donde se fundó la «Federación Regional Española de la Asociación Internacional del Trabajo». (La Ilustración Española y Americana, 13/7/1870)
Imagen en Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital. Licencia CC.

De este modo, la Unión Manufacturera sentó las bases de una estrategia que posteriormente sería adoptada por el anarquismo: la lucha por la jornada de ocho horas debía partir de las sociedades obreras y utilizar la huelga como herramienta principal para obtener mejoras directamente de los patronos. Esta postura partía de una profunda desconfianza hacia la legislación laboral, considerada ineficaz si no existía voluntad real de aplicarla por parte del Estado.  

Este posicionamiento debe entenderse en su contexto histórico. Se habían restablecido las relaciones entre los internacionalistas y el movimiento societario, lo que favoreció la difusión de las ideas de la Primera Internacional por todo el territorio español. Estas ideas se centraban en la lucha por una sociedad basada en la igualdad política, económica y social, en la que los trabajadores pudieran ejercer plenamente derechos que hasta entonces les eran negados. 

Al mismo tiempo, se produjo un progresivo distanciamiento entre el movimiento obrero y sus tradicionales aliados republicanos. Tras la proclamación de la Primera República Española, el republicanismo entró en una fase de conflictos internos sobre el modelo de Estado a construir, lo que derivó en una notable debilidad política. 

La incapacidad de los gobiernos republicanos para dar respuesta a las demandas sociales, unida a la influencia de las ideas bakuninistas dentro de la Federación Regional Española, que defendían el apoliticismo y la acción directa, provocó el alejamiento de amplios sectores del movimiento obrero respecto al republicanismo. El resultado fue un aumento de los conflictos sociales, entre los que destacó el movimiento huelguístico en torno a la jornada de ocho horas. 

La situación se agravó el 3 de enero de 1874, con la ilegalización de la Primera Internacional. Se iniciaba así una etapa especialmente dura para el movimiento obrero catalán, caracterizada por la represión, la clandestinidad y la persecución. Durante estos años, la reivindicación de la jornada de ocho horas pasó a un segundo plano, mientras las organizaciones obreras centraban sus esfuerzos en sobrevivir, reorganizarse y, en muchos casos, desarrollar actividades conspirativas y revolucionarias. 

Conclusión: hacia una nueva etapa del movimiento obrero

Este periodo de represión y debilidad organizativa no supuso, sin embargo, el fin de la reivindicación de las ocho horas, sino más bien una pausa forzada. A partir de la década de 1880, con la recuperación de las libertades de asociación y en un contexto de crisis industrial, el movimiento obrero resurgiría con fuerza. 

Será en ese nuevo escenario cuando la demanda de las “Tres Ocho” recupere protagonismo y se articule de forma más amplia, conectando definitivamente con el movimiento obrero internacional y sentando las bases para su consolidación como una de las principales luchas sociales de la época. 

Referencias

Dommanget, M. (1976). Historia del Primero de Mayo. Editorial Laia.

Gabriel, P. (1991). Sindicalismo y huelga. Sindicalismo revolucionario francés e italiano. Su introducción en España. Ayer, (4).

Gabriel, P. (2002). Movimientos sociales y cultura política en España durante el siglo XX. En J. M. Lana Berasain (Coord.), En torno a la Navarra del siglo XX. Universidad Pública de Navarra.

López Estudillo, A. (1992). El anarquismo español decimonónico. Ayer, (45).

Morales, M. (2002). Cultura e ideología en el anarquismo español (1870–1910). CEDMA.

La Federación. (1872-73). Números varios. Barcelona.

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