Seis días, un imperio y medio de chulería: así fue la Guerra de los Seis Días
Vamos a hablar de una guerra exprés, de esas que empiezan un lunes y para el sábado siguiente ya hay nuevo mapa, nuevos refugiados, nuevas fronteras y, por supuesto, ningún culpable claro. Bienvenidos a junio de 1967, Oriente Próximo, donde el ambiente llevaba meses caldeándose y ese año decidieron quitarse las ganas de golpe.
El ambientillo previo
Para entender esto hay que remontarse a 1948, cuando se crea el Estado de Israel y estalla la primera de las guerras árabe-israelíes. Hubo una segunda ronda en 1956, con la crisis de Suez. Para 1967, el ambiente entre Israel y sus vecinos —Egipto, Siria, Jordania— era el de esa familia que se sienta junta en Nochebuena solo porque toca, pero todos sabiendo que la convivencia es de mentira.
La tensión venía subiendo desde abril, con choques fronterizos entre Israel y Siria por los Altos del Golán que incluyeron combates aéreos. El protagonista del calentón final fue Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto y líder del nacionalismo panárabe. En mayo de 1967, Nasser hace varias cosas seguidas: pide a la ONU que retire a sus tropas del Sinaí, donde llevaban años de árbitros entre Egipto e Israel, despliega tropas egipcias hacia la frontera con Israel, y cierra el Estrecho de Tirán, bloqueando el acceso israelí al mar Rojo.
Esto último, para Israel, era el equivalente a que tu vecino te tape la salida del garaje y te diga que ya la abrirá él cuando le apetezca. Israel lo consideró un casus belli, y el 4 de junio el gabinete votó por unanimidad dar al ministerio de Defensa potestad para decidir cuándo y cómo responder. Mientras tanto, Siria y Jordania firmaban pactos de defensa conjunta con Egipto. El ambiente, en resumen, estaba para cortarlo con un kebab.
5 de junio: Israel decide no esperar el correo
A primera hora de la mañana del 5 de junio de 1967, la Fuerza Aérea israelí lanza la Operación Foco (Mokéd): unos 200 aviones despegan, rodean por el Mediterráneo y caen sobre los aeródromos egipcios desde el norte, atacando 18 bases aéreas. Las pistas quedaron inutilizadas y los aviones egipcios fueron destruidos prácticamente en tierra, muchos antes de poder despegar.
En unas horas, la aviación egipcia perdió alrededor del 90% de su flota. Israel extendió después el ataque a las fuerzas aéreas de Jordania, Siria e Irak. Para el final de ese mismo día, Israel tenía control casi absoluto del cielo en los tres frentes.
¿Por qué entraron también Jordania y Siria si su aviación quedó destruida igualmente? Porque el mando egipcio les hizo creer, falsamente, que estaban ganando y que la fuerza aérea israelí había sido derrotada. Jordania, confiando en ese parte de guerra inventado, atacó Jerusalén Oeste ese mismo día. Un error de cálculo basado en una mentira de aliado, lo cual tiene su gracia trágica.
El resto de la semana: repartir territorio
Con el cielo despejado, las tropas israelíes avanzaron por tierra a un ritmo brutal.
En el Sinaí, el ejército egipcio, sin cobertura aérea, fue empujado hacia atrás con fuerza; Egipto se retiró de la península, que quedó en manos israelíes junto con la Franja de Gaza.
En el frente jordano, tras los combates iniciados por la propia Jordania el 5 de junio, las tropas israelíes contraatacaron en Jerusalén y Cisjordania. El 7 de junio, paracaidistas israelíes tomaron la Ciudad Vieja de Jerusalén y Jerusalén Este. Para el 8 de junio, Israel controlaba toda Cisjordania y las fuerzas jordanas se habían retirado al otro lado del río Jordán.
El 7 de junio, el Consejo de Seguridad de la ONU pidió un alto el fuego; Israel y Jordania lo aceptaron, Egipto al día siguiente. Siria, sin embargo, siguió bombardeando aldeas israelíes desde los Altos del Golán. El 9 de junio, Israel lanzó la ofensiva sobre el Golán, una posición fortificada en altura, y tras un día de combates muy duros logró tomarla. El alto el fuego final llegó el 10 de junio, sexto día de guerra.
El balance
Israel triplicó el territorio bajo su control: Sinaí, Gaza, Cisjordania (con Jerusalén Este) y los Altos del Golán. Las cifras de la guerra son durísimas: el bando árabe perdió más de 450 aviones y sufrió alrededor de 18.000 bajas, frente a unas 766 del lado israelí, según las estimaciones más citadas.
Egipto recuperaría el Sinaí en 1982, tras los acuerdos de paz de Camp David. Pero Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán siguen siendo, hoy en 2026, territorio en disputa y ocupación, con cientos de miles de palestinos que se convirtieron en refugiados o quedaron bajo administración militar israelí a raíz de esta guerra.
Así que ya véis: una guerra de seis días que sigue, de alguna manera, sin terminar nunca. Como esas discusiones familiares de Nochebuena que decíamos al principio, solo que con tanques.


