El intento de golpe de Estado: 18 de julio de 1936
Solo cinco meses después de las elecciones más polarizadas de la República, los generales que no aceptaron el resultado pusieron en marcha el plan. Lo que no esperaban es que millones de españoles salieran a la calle a defender la República.
Las elecciones de febrero dejaron una España partida en dos: el Frente Popular gobernado con una mayoría ajustada, y una derecha que no aceptó el resultado y empezó a hablar abiertamente de «reconquistar» el poder por otras vías. Esas «otras vías» tenían un nombre que es el de pronunciamiento militar.
Lo que muchos no saben es que la conspiración no empezó en 1936, tampoco en 1935. Empezó el mismo mes en que se proclamó la República, en abril de 1931. A partir de esa fecha se sucedieron cinco años de reuniones clandestinas, contactos con potencias extranjeras y un ensayo general fallido en 1932 liderado por Sanjurjo, que acabó con el general exiliado en Portugal, que dieron lugar al plan que se ejecutó aquel julio de 1936.
¿Por qué tanto miedo a la República?
En 1931, España se convirtió en república casi sin disparar un tiro. Lo que dió lugar a que el rey Alfonso XIII se fuera al exilio y comenzara un experimento político sin precedentes con sufragio universal, separación entre Iglesia y Estado, reforma agraria, escuelas laicas… Para una parte de la sociedad española —terratenientes, clero, militares africanistas, monárquicos— aquello era una amenaza directa a todo lo que consideraban sagrado.
Con este transfondo, las conspiraciones empezaron el mismo mes de abril de 1931. Ni siquiera esperaron a ver cómo funcionaba aquello. Así, solo un año después, en 1932, hubo un primer intento de golpe, el protagonizado por el general Sanjurjo que fracasó estrepitosamente. Pero la semilla estaba plantada y la victoria del Frente Popular en febrero de 1936 fue la señal que muchos militares estaban esperando para cruzar una línea que hasta entonces no se habían atrevido a cruzar… desde el reinado de Isabel II.
Un dato que cambia la perspectiva: El historiador Ángel Viñas ha documentado que el 1 de julio de 1936 —más de dos semanas antes del golpe— Mussolini ya había firmado contratos para enviar aviones y armamento a los conspiradores. Por tanto, la intervención fascista no fue una reacción al caos español, fue una condición previa pactada con antelación.
El año que lo cambió todo: 1936
En febrero de 1936, las elecciones dieron la victoria al Frente Popular, una coalición de izquierdas, que la derecha se negó a aceptar, dando lugar a unos meses de tensión, huelgas y enfrentamientos que tuvieron sus vícitmas. Las cifras exactas de estas, sin embargo, siguen siendo objeto de debate entre historiadores: Rafael Cruz en 2006 contabilizó 262 muertos entre febrero y julio, mientras que González Calleja eleva la cifra a 384 víctimas mortales en 272 incidentes, y un análisis más reciente, publicado en 2024, habla de 484 muertos y 2.143 víctimas totales en esos cinco meses.
Lo que sí parece más asentado en la historiografía contemporánea es otra cosa: ni siquiera con las cifras más altas puede sostenerse que España viviera una «primavera trágica» sin control gubernamental. Como concluyen varios historiadores, la desestabilización real de aquellos meses «no explica en modo alguno la sublevación militar y menos aún la justifica». Por tanto, el relato de «España al borde del abismo» que usaron los golpistas para justificarse con posterioridad, como aquellos que hablan de una disminución de la violencia en la víspera, no coincide plenamente con los datos aportados por la historiografía contemporánea más reciente.
El asesinato que lo aceleró todo
El 12 de julio fue asesinado un teniente de la Guardia de Asalto llamado Castillo, conocido militante socialista. Como represalia, agentes del propio Estado secuestraron esa misma noche a José Calvo Sotelo, líder monárquico y figura del régimen de Primo de Rivera. Su cadáver apareció al amanecer en el cementerio de la Almudena.
El crimen fue un escándalo mayúsculo. Y los conspiradores lo convirtieron en argumento: «¿Ven? La República no puede garantizar el orden.» Lo que no decían es que los planes llevaban meses cerrados. Los funerales de Calvo Sotelo en Toledo, el día 17, sirvieron paradójicamente para ultimar los últimos detalles de la sublevación.

Los protagonistas: quiénes eran y qué querían
Al frente de la conspiración estaba el general Emilio Mola, apodado «El Director», que coordinaba desde Pamplona los hilos de todo. El líder nominal era Sanjurjo, exiliado en Portugal. Y luego estaba Francisco Franco, que en los meses previos había sido el más dubitativo de todos, calculando sus posibilidades antes de comprometerse.
Pero no era solo un asunto de militares. Carlistas, falangistas, grandes propietarios, sectores de la Iglesia y monárquicos pusieron dinero, influencia y hombres. La rama civil y la militar, según los historiadores, «repartieron sus esfuerzos en tareas complementarias de organización, financiación y agitación para preparar el terreno».
Cómo se desarrolló el golpe, día a día
17 julio · tarde
Melilla se adelanta al plan previsto. La conspiración militar es descubierta parcialmente cuando las autoridades republicanas intentan registrar el centro de operaciones de los golpistas. Para evitar detenciones, los oficiales comprometidos adelantan la sublevación. En pocas horas controlan Melilla, detienen a las autoridades leales y proclaman el estado de guerra. La noticia se transmite inmediatamente a Ceuta, Tetuán y al resto del Protectorado, donde las guarniciones se suman al movimiento. El golpe de Estado contra la República ha comenzado.
18 de julio · madrugada
Franco se suma al golpe desde Canarias. Durante la madrugada del 18 de julio, el general Francisco Franco declaró el estado de guerra en Canarias mediante un bando difundido desde Las Palmas. Horas después embarcó en el aeropuerto de Gando a bordo del famoso avión Dragon Rapide, enviado por los conspiradores para trasladarlo al Protectorado español de Marruecos. Tras una escala en Casablanca, llegó a Tetuán el 19 de julio, donde asumió el mando del Ejército de África, la fuerza militar más experimentada y mejor preparada de España.
18 de julio · durante el día
El golpe se extiende por toda España. Las guarniciones sublevadas proclaman el estado de guerra en numerosas capitales. La rebelión triunfa rápidamente en Navarra, gran parte de Castilla la Vieja, Galicia, Aragón occidental y buena parte de Andalucía occidental. Sin embargo, encuentra una fuerte resistencia en las principales ciudades industriales y obreras. En Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y otras grandes urbes las autoridades republicanas, apoyadas por organizaciones obreras y sectores leales del ejército y las fuerzas de seguridad, logran impedir que los sublevados se hagan con el control. Al finalizar la jornada, el golpe había fracasado en las zonas más pobladas del país, convirtiendo la insurrección militar en una guerra civil abierta.
19 julio · Madrid
El gobierno de Giral, ante el colapso del orden, distribuye armas a las milicias obreras. La República decide resistir.
20 julio · Madrid
El cuartel de la Montaña es tomado por fuerzas leales y milicias. El golpe fracasa definitivamente en la capital.
20 de julio · Portugal
Muere Sanjurjo al despegar de Estoril. El general José Sanjurjo, considerado el principal referente político de la sublevación, fallece cuando la pequeña avioneta que debía trasladarlo desde Estoril a España se estrella pocos segundos después del despegue. El aparato iba sobrecargado por el exceso de equipaje que insistió en llevar. Su muerte deja a los rebeldes sin la figura llamada a encabezar el nuevo régimen y abre una lucha por el liderazgo entre los generales sublevados. En los meses siguientes, Francisco Franco aprovechará esa circunstancia para consolidar su posición hasta convertirse en jefe único del bando rebelde.
¿Por qué falló? ¿Y por qué eso fue lo peor?
El golpe esperaba tomar el poder en días, como los pronunciamientos del siglo XIX. Pero no contó con que las ciudades grandes resistirían, ni con que los trabajadores saldrían a la calle armados, ni con que una parte del ejército permanecería leal al gobierno.
El resultado fue un empate armado: los sublevados controlaban zonas enormes del norte y el sur, y tenían el ejército más capaz; la República controlaba las principales ciudades y la industria. Ninguno podía ganar rápido. Y ninguno quería rendirse. Eso es lo que convierte un golpe fallido en una guerra civil.
A finales de septiembre, reunidos en Salamanca, los generales rebeldes buscaron un líder único. Sanjurjo había muerto. Mola sería asesinado meses después. Quien quedó fue el más prudente, el más calculador, el que había esperado hasta el último momento para unirse: Francisco Franco. España pagó su astucia con cuatro décadas de dictadura.
Los mitos que aún circulan (y lo que dicen los historiadores)

