¿Por qué estalló la Revolución Francesa?
La Revolución Francesa no fue simplemente una rebelión de personas hambrientas contra un rey que vivía rodeado de lujos. Tampoco empezó el día en que los parisinos asaltaron la Bastilla. Cuando aquella fortaleza cayó el 14 de julio de 1789, Francia llevaba años acumulando problemas. La Bastilla fue la explosión; la pólvora se había ido amontonando mucho antes.
A finales del siglo XVIII, Francia era uno de los países más poderosos y poblados de Europa. Tenía un gran ejército, una importante actividad comercial y una monarquía que todavía se presentaba como absoluta. Sobre el papel, Luis XVI gobernaba por voluntad divina y concentraba la autoridad del Estado. En la práctica, sin embargo, la monarquía estaba endeudada, el sistema fiscal apenas funcionaba y una parte creciente de la sociedad consideraba injusto el reparto del poder y de los impuestos.
El problema no era únicamente que Francia tuviera malas cosechas o que el rey gastara demasiado. El verdadero problema era que el país continuaba organizado según las normas del Antiguo Régimen: una sociedad basada en los privilegios, en la desigualdad jurídica y en la división de la población en tres estamentos.
Durante décadas, este sistema había conseguido mantenerse. Pero en 1789 empezó a desmoronarse. No porque tuviera un único problema, sino porque todos sus problemas decidieron presentarse al mismo tiempo.
